Improvisar una cena rusa entre amigos, con tres kilos de patatas y dos balalaikas, aparecer con un enorme san-bernardo a casa, porque el hombre que te ama te había dicho que te echaba de menos, estar maravillosa con un pañuelo drapeado en la cabeza o no volver a casa porque necesitas hacer balance de tu vida amorosa, desbordas imaginación y fantasía y tu lencería revela tu increíble creatividad.
La eliges original, o bien siempre el mismo modelo, si has encontrado el que mejor te va.
Fantasiosa, aunque púdica, buscas una lencería clásica y con colores alegres, incluso color visón, cuando deseas que no se note. También puedes elegirla muy sexy, en ocasiones en que deseas seducir más que de costumbre.
Artista, necesitas inventar tu vida tanto como vivirla, y a menudo, tus sueños se insertan tan bien en tu realidad diaria, que tu pareja tiene la impresión de ser el protagonista del escenario que has creado, con tanto brío.
Tu lenceria revela tu humor
Ácida, asombrosa, divertida y anticonformista, aprecias la vida como si se tratase de una sucesión de historias divertidas. El color inesperado de un paisaje, la felicidad de una sonrisa, lo gracioso de ciertas situaciones cotidianas, no hay nada que se escape a tu mirada crítica. Siempre te muestras alegre y entusiasta. Conocerte o vivir contigo, es beber champagne al despertarse. Lúcida, te gusta reír e ignorar los juicios mezquinos, rechazando todo lo que no se asemeje a la felicidad. Tu lencería revela tu humor. La eliges ligera, de colores vivos como los días soleados, o negros, porque te divierte ser sexy, aunque sólo para el hombre de tus sueños. Para ti, la lencería tiene que ser como una segunda piel, como un estado de alma. Y la tuya se corresponde con tu filosofía lúdica de la vida y por el amor que sientes hacia los cosas positivas y límpidas.
Tu lenceria revela tu independencia
Ida y vuelta rápida a Estambul, para tomar un té a la menta con una amiga que no veías desde hacia tiempo, decidir tener un amante, hacer horas suplementarias en tu trabajo para ascender y conseguir más poder, pasar un año sabático para aprender japonés, libre, emancipada, haciendo avanzar tus ideas y con ganas de vivir y disfrutar al máximo de la vida, tu personalidad se caracteriza por una insaciable sed de independencia. Y tu lencería da buena prueba de ello. La eliges cómoda, sexy, a buen precio. También es un perfecto reflejo de tu deseo de no dejarte dominar ni renunciar a tu propio espacio. Incluso, cuando puedes, llegas a prescindir de ella. Blanca, negra o visón, exiges que sea práctica, con tejidos simples, aunque cuidando bien los pequeños detalles, como la seda. Eres una mujer actual, a la vez pragmática y curiosa por vivir nuevas e interesantes experiencias, con los pies en la tierra, aunque encantada de hacer locuras y vivir pasiones.
Tu lenceria revela tu romanticismo
Vives en un mundo en el que prima la sensibilidad. En tu casa, predominan las flores secas, la decoración tierna y cuidada. Tu manera de vestir, también se corresponde con tu espíritu romántico. Tu lencería, elegida bajo la misma gama de valores, es delicada, soñadora, suave, con colores que buscan el refinamiento, el pudor y la discreción. A la hora de elegir tu lencería, buscas armonizarla con tu deseo de naturalidad y frescor. Blanca, vaporosa, cándida, con un toque de fantasía en tonos pastel, te gusta que favorezcan tus curvas y feminidad. Asumiendo tu gusto por la poesía, naturaleza y relaciones auténticas, huyes en algunos casos de lo desconocido, afirmando tu individualismo que te conduce lejos de los caminos ordinarios y te preserva un mundo refinado. Apasionadamente melancólica y rabiosamente salvaje, eres frágil, puede que demasiado, aunque con un encanto incontestable, no te decides a salir de tu infancia, por tu personalidad soñadora.
My life is brilliant. My love is pure. I saw an angel. Of that I´m sure. She smiled at me on the subway. She was with another man. But I won´t lose no sleep on that, ´Cause I´ve got a plan.
You´re beautiful. You´re beautiful. You´re beautiful, it´s true. I saw you face in a crowded place, And I don´t know what to do, ´Cause I´ll never be with you.
Yeah, she caught my eye, As we walked on by. She could see from my face that I was, Fucking high, And I don´t think that I´ll see her again, But we shared a moment that will last till the end.
You´re beautiful. You´re beautiful. You´re beautiful, it´s true. I saw you face in a crowded place, And I don´t know what to do, ´Cause I´ll never be with you. You´re beautiful. You´re beautiful. You´re beautiful, it´s true. There must be an angel with a smile on her face, When she thought up that I should be with you. But it´s time to face the truth, I will never be with you.
Hace mucho, mucho tiempo, cuando los seres humanos no estaban tan fijados en sus cuerpos físicos como están hoy, vivía un hombre (¿o era una mujer?) que se hizo una máscara maravillosa, una máscara que podía poner muchas caras. El hombre se ponía la máscara y se entretenía acosando repentinamente a la gente y observando sus reacciones. A veces la máscara estaba riendo, a veces llorando, a veces haciendo muecas y frunciendo el ceño. Sus víctimas siempre quedaban impactadas al ver una cara tan extraordinaria, antinatural y desconocida, aun cuando estuviese sonriente. Pero para él no hacía ninguna diferencia que ellos se rieran o lloraran. Todo lo que quería era la excitación de sus reacciones. Sabía que era él mismo detrás de la máscara. Sabía que él era el bromista y ellos el objeto de la broma. Al principio, salía por un rato con la máscara puesta, un par de veces al día. Luego, como se acostumbró a la excitación y quería más, empezó a dejarse la máscara todo el día. Finalmente, no viendo la necesidad de sacársela para nada, dormía con ella puesta. Durante años, el hombre anduvo errante por la tierra, disfrutando detrás de la máscara. Hasta que un día se despertó con un sentimiento que nunca había sentido antes: se sentía solo, separado, algo le faltaba. Se levantó bruscamente, alarmado, y se paró frente a una hermosa mujer, e inmediatamente, se enamoró de ella. Pero la mujer dio un alarido y salió corriendo, impactada por el rostro aterrador y desconocido. "¡Deténte! ¡Yo no soy esto!", gritó él, retorciendo la máscara para arrancársela. Pero era él. La máscara no salía. Estaba pegada a su carne. Se había vuelto su rostro.
Reina, te perdistes la reunion de las coyotes, la pasamos bien chevere, Mariana se aparecio con una sorpresa, una striper !!!!!!!!!!!!!!!! mmmmm se veia tan rica pero asi como aparecio se fue, dejandonos a todas super calientes y con ganas, te extrane !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Cuando regresas? Esto es para ti bb
Oye ya que estas por alla averiguame este juego
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Erotica, romance Mi nombre es Dita Seré tu ama esta noche Me gustaría ponerte en trance Si te tomo por atrás Entraré en tu mente Cuando menos te lo esperes Tratarás y y lo rechazarás Si estoy a cargo y te trato como a un niño Te volverás salvaje Deja que tu boca vaya donde quiere Ríndete, haz lo que digo Ríndete y déjame hacerlo a mi manera Te daré amor, te golpearé como a un camión Te daré amor, te enseñaré como Ten pondré en trance, por completo Erotico, erotico pon tus manos por todo mi cuerpo Erotico, erotico Una vez que has puesto tus manos en la llama No volverás a ser el mismo Hay una cierta satisfacción En causar un poquito de dolor Apuesto a que puedes verlo Creo que eres igual que yo Si tienes miedo, supéralo Yo sólo hago daño a quienes amo Ríndete, haz lo que digo Ríndete y déjame hacerlo a mi manera Te daré amor, te golpearé como a un camión Te daré amor, te enseñaré como Ten pondré en trance, por completo Erotico, erotico pon tus manos por todo mi cuerpo Erotico, erotico Erotica, romance Ten pondré en trance Erotica, romance Acaricia todo mi cuerpo No creo que sepas lo que es el dolor No creo que te vayas a ir así Puedo darte tanto placer Vendré a tí cuando tú digas Se que me deseas No te voy a hacer daño No te voy a lastimar, sólo cierra los ojos Erotico, erotico Pon tus manos por todo mi cuerpo Acariciame, completamente Erotica, (ríndete, ríndete) romance Te pondré en trance Erotica, (ríndete, ríndete) romance Me gusta hacer un tipo diferente de Erotica, (ríndete, ríndete) romance Te pondré en trance Erotica, romance Pon tus manos por todo mi cuerpo Sólo aquél que te lastima te puede hacer sentir mejor Sólo aquél que te causa dolor puede alejarlo de tí Erotica
Feminismo latinoamericano Entre la insolencia de las luchas populares y la mesura de la institucionalización *
por Andrea D'Atri
“Elegir entre la mesura y la insolencia tiene que ver con estrategias políticas (...). La exigencia desde la dominación de ‘buenas maneras’ va más allá de una exigencia de cortesía, es un modo muy frecuente, por el contrario, de imponerle inautenticidad al rebelde, de hacerlo renunciar a su contra-cultura, a su ilegalidad y a su contra-lenguaje.”
Julieta Kirkwood, 1990
A fines de la década del ’60, una nueva generación de mujeres jóvenes dio origen a los movimientos feministas en las grandes metrópolis de Estados Unidos y Europa, que se conocieron como la “segunda ola”. Influenciadas por estas experiencias y por el contacto con literatura que provenía de los países centrales, muchas latinoamericanas –fundamentalmente de clase media- iniciaron la formación de grupos de reflexión (concienciación) y activismo por los derechos de las mujeres. Pero el movimiento en su conjunto nunca llegó a alcanzar la masividad que tuviera en los países centrales. “Inicialmente eran mujeres del amplio espectro de clase media; una parte significativa provenía de la amplia vertiente de las izquierdas, entrando rápidamente en confrontación con ellas por la resistencia para asumir una mirada más compleja de las múltiples subordinaciones de las personas y las específicas subordinaciones de las mujeres.” (Vargas, 2002). El surgimiento de estos grupos se dio en el marco de una aguda radicalización de la lucha de clases que, en el continente, se manifestó en el ascenso obrero y popular cuyas expresiones más destacadas fueron los cordones industriales chilenos, la semiinsurrección del Cordobazo en Argentina, las movilizaciones estudiantiles de las que Tlatelolco (México) puede considerarse la experiencia más aguda y la entrada en escena de numerosos movimientos de guerrilla urbana y campesina. Los grupos feministas, por tanto, se vieron envueltos rápidamente por la aguda lucha de clases en el continente que exigía definiciones y compromisos. Como señala Leonor Calvera en su historia del feminismo argentino: “En el sentido de los enfrentamientos, la marea de partidismo que nos circundaba no dejó de golpear fuertemente en el interior del grupo: reprodujimos viejos antagonismos tradicionales e inventamos otros. Los análisis tomaban cada vez menos a la mujer como eje y se desplazaban hacia esquemas de clase.” (Calvera, 1990).
A mediados de los ’70, sin embargo, la derrota de ese ascenso a través de la contrarrevolución sangrienta en los países latinoamericanos, abrió el curso a una nueva ofensiva imperialista en la región que luego se conoció con el nombre de “neoliberalismo”. Los regímenes dictatoriales que se asentaron en gran parte del continente, impidieron el desarrollo del movimiento feminista, no sólo por la instauración de una ideología reaccionaria basada en la defensa de la tradición y la familia, sino también por la persecución política y el terrorismo de Estado con sus secuelas de torturas, exilios forzados, cárcel, desapariciones y asesinatos de activistas sociales, gremiales y políticos. La polarización social que vivían nuestros países también se traducía en las visiones que se tenían del feminismo: la derecha consideraba a las feministas como subversivas y contestatarias; la izquierda, por el contrario las tildaba de “pequeñoburguesas”. Si bien, algunos grupos feministas realizaron acciones durante los regímenes totalitarios y otras mujeres mantuvieron reuniones de reflexión y estudio en un clima de hostilidad, lo cierto es que el movimiento feminista recupera protagonismo recién a principios de los ’80, con la caída de las dictaduras y la instauración de los nuevos regímenes democráticos burgueses en toda la región. La dictadura logró cortar, en gran medida, los hilos de continuidad con la etapa anterior. Muchos de los planteos iniciales del feminismo de los ’70 volvieron a rediscutirse. En cierto sentido, los años del terror obligaron a que, una vez instalados los regímenes democráticos, las feministas tuvieran que “volver a empezar”.
Esta historia reciente de los últimos veinte años del feminismo latinoamericano está cruzada por numerosas discusiones políticas y teóricas. Sin embargo, aunque los documentos de los Encuentros Feministas de Latinoamérica y el Caribe están disponibles y destacadas protagonistas del movimiento han escrito diversas “historias” parciales de su propia práctica colectiva, no existe una historia crítica del feminismo latinoamericano que intente vincular estas discusiones políticas y teóricas, sus fragmentaciones, encuentros y desencuentros, alianzas, rupturas y nuevas prácticas con la situación de la lucha de clases en el continente durante el mismo período, en la cual muchas veces las mujeres son protagonistas indiscutibles. Su realización excede los límites y las posibilidades de este artículo. Sin embargo, consideramos necesaria la reflexión sobre la práctica feminista y los períodos en que se desarrolla, incorporando un análisis de la política del imperialismo hacia nuestro continente, los regímenes, los distintos flujos y reflujos de la lucha de clases, y su relación con la opresión de las mujeres latinoamericanas. Consideramos que el objetivo que debiera trazarse para esa revisión crítica tendría que ser, recuperando la historia y sus lecciones, la construcción de un movimiento feminista que, junto a las mejores tradiciones de su batalla contra la opresión patriarcal, soldara su destino –de manera práctica y efectiva- con el de los millones de mujeres obreras y campesinas que luchan contra la explotación en este continente permanentemente expoliado y avasallado.
Feminismo, democracia y derechos humanos
“Democracia en el país y en la casa”, Feministas chilenas, década del ‘80
En los ’80, la derrota de Argentina en la guerra de Malvinas ya había actuado como un disciplinador para el continente y todo el mundo semicolonial. La lección aprendida fue la de que no había que enfrentarse al imperialismo, que éste era invencible. Además, la guerra sucia de la “contra” armada por EE.UU. en Nicaragua y la desarticulación de la revolución a través de pactos y la cooptación de algunos sectores de la guerrilla, terminaron de cerrar el cuadro de esta ofensiva imperialista que fragmentó y puso a la defensiva al movimiento obrero y popular. Ese fue el telón de fondo de las “transiciones a la democracia”, que se convirtió, entonces, en la política privilegiada del imperialismo norteamericano hacia nuestro continente, como respuesta defensiva frente a la emergencia de la movilización independiente de las masas contra estos mismos regímenes dictatoriales, que ya se encontraban profundamente desprestigiados. Las democracias del continente fueron, finalmente, los regímenes que garantizaron la continuidad de los planes económicos que significaron la pérdida de enormes conquistas del movimiento de masas. Con el desparpajo que le es característico, el ideólogo del imperialismo Henry Kissinger sostiene en su libro La diplomacia: “Los Estados Unidos no aguardarían pasivamente a que evolucionaran las instituciones libres, ni se limitarían a resistir a las amenazas directas a su seguridad. En cambio, promoverían activamente la democracia, recompensando a aquellos países que cumplieran con sus ideales, y castigando a los que no cumplieran (aún si no presentaban un desafío o una amenaza para los Estados Unidos). (...) Y el equipo de Reagan fue congruente: hizo presión sobre el régimen de Pinochet en Chile y sobre el régimen autoritario de Marcos en Filipinas a favor de una reforma; el primero fue obligado a aceptar un referéndum y unas elecciones libres, en las que fue reemplazado; el segundo fue derrocado con ayuda de los Estados Unidos.”
Durante el período represivo y particularmente durante los primeros años de la democracia, los grupos de derechos humanos tuvieron un gran protagonismo en nuestro continente. Estos movimientos, organizados para denunciar las torturas, las desapariciones y los crímenes de las dictaduras, fueron protagonizados fundamentalmente por mujeres (madres, abuelas, viudas). Por un lado, el que hayan sido mujeres quienes visiblemente encabezaron esta denuncia y las luchas posteriores por el castigo a los responsables del terrorismo de Estado, y por otro lado, la política –especialmente de los EE.UU.- de priorizar los derechos humanos en la agenda internacional, fueron dos elementos claves para entender el cambio producido en el lenguaje y las formas del reclamo feminista. El acercamiento militante de las feministas, muchas de ellas llegadas del exilio, a las mujeres que incluso bajo los regímenes del terror ya se habían organizado en el reclamo de sus familiares desparecidos, presos y torturados más los términos de Democracia y Derechos Humanos instalados en la agenda pública permitieron el trasvasamiento de las demandas feministas a un lenguaje novedoso, a través de la política partidaria, los organismos internacionales y los grupos de trabajo local. Fue el período de las conquistas de derechos civiles fundamentales, lucha en la que el feminismo tuvo un evidente compromiso: el divorcio vincular, la patria potestad compartida, las leyes relativas a la violencia doméstica, aspectos parciales relativos a derechos sexuales y salud reproductiva, etc.
En la década del ’80, muchos de los grupos que se habían formado en la etapa anterior ya se habían disuelto, otros recién comenzaban a formarse en medio de la apertura democrática y al calor de estas luchas por los derechos humanos y la ampliación de derechos civiles. En comparación con el período de principios de los ’70, en este resurgimiento del feminismo en el continente se visualiza una redefinición de las relaciones con el Estado, con los partidos políticos y con el resto de las organizaciones sociales. Las feministas incluyeron sus reclamos particulares en esta situación iniciando la creación de nuevos grupos, presionando a los políticos y parlamentarios, exigiendo al Estado la implementación de una nueva legalidad que contemplara esas básicas demandas nunca resueltas. A partir de 1981, además, se suceden los Encuentros Feministas de Latinoamérica y el Caribe, que cada dos y tres años reúne a las feministas del continente en la reflexión política sobre la situación del movimiento y la elaboración de nuevas líneas de acción. Sin embargo, la academización, la incorporación a las instituciones de los regímenes políticos y los distintos estamentos de gobierno y la “oenegización” (Bellotti y Fontenla, 1997) son las operaciones más importantes que comienzan a reconfigurar al movimiento feminista en este período, produciendo también, junto con una multiplicidad de nuevas experiencias, acciones y saberes, su incipiente fragmentación y creciente cooptación. Durante este período, el feminismo latinoamericano comenzó a recorrer el camino de la insubordinación a la institucionalización (Collin, 1999). Las críticas y las diferencias en relación con las concepciones teóricas, con los fundamentos y las prácticas al interior del mismo movimiento feminista no tardaron en aparecer. La escisión entre “autónomas” e “institucionalizadas” es una de las expresiones más agudas que adquirió esta crítica interna. Pero ese extremo de la situación de tensión, de casi una década, entre dos alas del movimiento que se produjo en el VIIº Encuentro realizado en Cartagena en 1996, fue sólo la culminación de un largo proceso de discusiones al interior del movimiento cuyo origen puede situarse en el mismísimo primer Encuentro de Bogotá. En un principio, la cuestión de la “doble militancia” entendida como el compromiso con el feminismo, por un lado, y organizaciones o movimientos políticos no específicamente feministas, fue uno de los debates fundamentales. (Vargas, 2002). Los encuentros que se prolongaron durante la década del ’80 estuvieron signados por estas discusiones: además de la doble militancia, las pertenencias a distintas corrientes dentro del feminismo que expresaban distintas herencias ideológicas y políticas; la discusión acerca de la práctica de los grupos de autoconciencia o la de “llevar” la conciencia a otros grupos de mujeres de sectores populares, etc. Bedregal señala al respecto: “Todo esto eran manifestaciones y expresiones de diferentes concepciones políticas expresadas desde el primer encuentro, era lucha política de proyectos políticos y filosóficos, pero se ocultaban en una aparente homogeneidad y tras el deseo de una especie de romántica hermandad de mujeres que ha dificultado siempre reconocernos, más allá del discurso declarativo, como diversas, pensantes y actuantes de distintos proyectos y tras una identidad de género más fácilmente centrada en tanto víctimas del sistema patriarcal que en tanto constructoras de nuevas culturas.” (Bedregal, 2002)
La década del ’80 culmina con el IVº Encuentro realizado en Taxco, México, donde un grupo de mujeres elabora un documento crítico en el que, con agudeza, se describen los “mitos” del movimiento feminista que, según las firmantes, impiden un desarrollo del movimiento. Este documento tiene gran repercusión. Allí se manifestaba que “el feminismo tiene un largo camino a recorrer ya que, a lo que aspira realmente, es a una transformación radical de la sociedad, de la política y de la cultura. Hoy, el desarrollo del movimiento feminista nos lleva a repensar ciertas categorías de análisis y las prácticas políticas con las que nos hemos estado manejando.” Más adelante, enuncian los “mitos” que impiden valorar las diferencias al interior del movimiento y dificultan la construcción de un proyecto político feminista. Estos son: 1. a las feministas no nos interesa el poder, 2. las feministas hacemos política de otra manera, 3. todas las feministas somos iguales, 4. existe una unidad natural por el solo hecho de ser mujeres, 5. el feminismo sólo existe como una política de mujeres hacia mujeres, 6. el pequeño grupo es el movimiento, 7. los espacios de mujeres garantizan por sí solos un proceso positivo, 8. porque yo mujer lo siento, vale, 9. lo personal es automáticamente político y 10. el consenso es democracia. Para concluir que “Estos diez mitos han ido generando una situación de frustración, autocomplacencia, desgaste, ineficiencia y confusión que muchas feministas detectamos y reconocemos que existe y que está presente en la inmensa mayoría de los grupos que hoy hacen política feminista en América Latina.” Luego, proponen a las feministas latinoamericanas: “No neguemos los conflictos, las contradicciones y las diferencias. Seamos capaces de establecer una ética de las reglas de juego del feminismo, logrando un pacto entre nosotras, que nos permita avanzar en nuestra utopía de desarrollar en profundidad y extensión el feminismo en América Latina.” Estos mitos que se denuncian en el documento de Taxco impedían el desarrollo de las discusiones políticas más profundas, mientras el movimiento se iba reconfigurando de una manera que no incluía a todas y que, sin embargo, no podía criticarse. Sin embargo, a pesar de la repercusión que tuvo el documento, los mitos se siguieron sosteniendo en gran parte del movimiento, incluso hasta nuestros días. Muchos años después, feministas autónomas de Argentina escribían sobre los mecanismos con los que se procuraba obturar cualquier intento de crítica social al interior del movimiento: “Todo análisis cuestionador de las ‘democracias realmente existentes’ pretendía ser clausurado con esta apelación a sólo dos opciones aparentemente excluyentes [democracia o dictadura, N de la R], recurso antidemocrático que suele ser usado por los gobiernos de nuestros países para paralizar y desacreditar toda crítica o movilización social por ‘desestabilizadoras’ y conducentes al pasado de golpes militares y genocidios. Pareciera que estas democracias constituyen un punto de llegada y que, a lo sumo, hay que perfeccionarlas un poco e incorporar a ellas la ‘perspectiva de género’, es decir, incluir a algunas mujeres en el excluyente modelo patriarcal capitalista y neoliberal.” (Fontenla y Bellotti, 1997)
A fines de la década, ya estaban visibilizados los problemas que impedían, según algunas, el avance del movimiento feminista en el sentido de una “transformación radical de la sociedad, la política y la cultura.” Las divergencias que se esbozaban a pesar de los intentos de homogeneización, de obturación de la crítica y de “romántica hermandad” se hicieron más ineludibles al calor de la aparente inevitabilidad de la ola de despidos, privatizaciones y el ataque al nivel de vida de las masas en nuestro continente. Mientras tanto, los organismos internacionales también percibieron lo ineludible: el ataque despertaría probablemente la respuesta de quienes lo perdieron todo. La gobernabilidad fue entonces el nombre que los tecnócratas encontraron para el problema que se avecinaba. La gobernabilidad que podría traducirse como el conjunto de condiciones necesarias para sostener el proceso de reformas evitando la irrupción de los movimientos de masas y que incluía la necesidad de establecer relaciones “fructíferas” para el desarrollo sustentable con los movimientos sociales y sus organizaciones.
Feminismo, financiamiento y creciente institucionalización
“Mientras una parte del feminismo se pregunta, individual y cómodamente recostada en el diván ‘¿quién soy yo?’, y otra parte busca afanosamente la referencia necesaria para una nota a pie de página que acredite como fiable su trabajo (...), he aquí que el mundo revienta de pobreza: millones de criaturas, nacidas de mujer, se asoman a un modelo de sociedad que les reserva una cuna de espinas...”
Victoria Sánchez Sau, 2002
La década del ’90 comenzó con la derrota de Irak en la Guerra del Golfo, en manos de una enorme coalición militar de potencias imperialistas, lo que a su vez permitió redoblar el ataque sobre el resto del mundo semicolonial. Se profundizaron la “apertura” de las economías a los monopolios internacionales y la transformación de nuestros países en “mercados emergentes” que sirvieron sólo para la rápida “emergencia” de capitales “golondrinas”. Acompañando las privatizaciones de los servicios del Estado, la creciente desocupación y precarización del trabajo, tanto el Banco Mundial como otros organismos financieros internacionales, comienzan a plantearse reformas en los objetivos de financiamiento y en la relación con las organizaciones sociales. En cierto modo, anticipándose a las consecuencias negativas derivadas de la aplicación de sus propias recetas que aumentaron los ajustes y por lo tanto, la pobreza en toda la región. Cuando la mayor parte del programa “neoliberal” ya se había implementado, el Banco Mundial priorizó la financiación de programas sociales bajo los lemas de la participación y la transparencia, reapropiándose de los discursos críticos a su propio accionar. Las organizaciones no gubernamentales fueron las ejecutoras privilegiadas de sus proyectos asistencialistas y focalizados.
El Banco Mundial como el resto de las agencias de financiamiento cumplieron, en este período, un papel político e ideológico muy importante en relación con el control social. Los intelectuales, antiguamente izquierdistas, se transformaron en tecnócratas progresistas que asumieron la responsabilidad de colaborar en estos proyectos de gobernabilidad, desarrollo sustentable, etc. Estos “postmarxistas”, administrando las ong’s no colaboraron en reducir el impacto económico de una manera sustancial, pero sí ayudaron enormemente en desviar a la población de la lucha por sus derechos (Petras, 2002). La cooptación tiene cifras indiscutibles: según la información de la OECD, en 1970, las ong’s recibieron 914 millones de dólares; en 1980, la cifra ascendió a 2.368 millones de dólares y en 1992, rondó los 5.200 millones. ¡En 20 años, el dinero destinado a las ong’s se incrementó en más de un 500 %! A estos números habría que sumarles los subsidios otorgados por los gobiernos “del norte”, que de los 270 millones que dispusieron a mediados de los ’70, elevaron su cifra a 2.500 millones a comienzos de los ’90. En resumidas cuentas, las estadísticas de la OECD nos hablan de un aporte estatal y privado a las ong’s de alrededor de 10.000 millones de dólares, lo que representa la cuarta parte de la ayuda bilateral global.
Los ’90 –época de privatizaciones, aumento de la desocupación en todo el continente y “relaciones carnales” de los gobiernos latinoamericanos con los EE.UU. – no fueron una etapa fructífera para quienes decidieron mantener la autonomía financiera, política e ideológica. Muchas feministas, con cierto prestigio en el movimiento, con conocimientos específicos y una trayectoria política en la reivindicación de los derechos de las mujeres, formaron parte de esta tecnocracia que se sumó a los organismos multilaterales, las agencias de financiamiento, el Banco Mundial y las miles de ong’s, que se transformaron también en plataformas para el lanzamiento de carreras personales. Otras, se mantuvieron a la vera de los financiamientos y criticaron duramente estas tendencias, pero su voz fue minoritaria y su lucha –aunque reivindicable- sólo hizo eco en el vacío que las rodeaba. Las feministas autónomas de ATEM denunciaban el proceso de oenegización que impregnó al movimiento con estas palabras: “La mayoría de estas ong’s, formadas por técnicas y profesionales, trabajan con las mujeres de ‘sectores populares’, de barrios pobres. Se presentan como mediadoras entre las agencias de financiamiento y los movimientos de mujeres y formulan programas para los mismos, brindando servicios que van desde talleres y cursos de todo tipo a la distribución de comida, la organización de ollas populares, planificación familiar (control de la natalidad), etc. Esta relación, que implica diferencias de clase, de poder y de acceso al manejo de recursos, genera vínculos jerárquicos y tensiones entre las mujeres de las ong’s y las de los movimientos con que trabajan, además de las competencias entre las profesionales por los financiamientos.” (Fontenla, Bellotti, 1999). El neoliberalismo, a través de estos y otros mecanismos, despolitizó a los movimientos sociales (incluso al feminismo). Como señalan muchas feministas autónomas, a las ong’s se las terminó confundiendo con el movimiento mismo, a sus proyectos financiados y sus trabajos rentados se las confundió con “acciones”, como si se tratara de las mismas acciones que los movimientos realizan como reclamos, exigencias y denuncias en la lucha por un cambio radical. En síntesis, las políticas neoliberales que se iniciaron en la década del ’80 y alcanzaron su punto culminante en nuestro continente durante la década del ’90, hicieron que el movimiento feminista se fragmentara y privatizara (Fontenla, Bellotti, 1999).
Feminismo, movimiento de mujeres y lucha de clases
“Veo que la mujer puede. Puede hacer más que lavar y planchar y cocinar en la casa a los hijos. Yo creo que es real. Lo estoy sintiendo ahora y lo estoy viviendo. Descubrí mi lado dormido y ahora que está despierto no pienso parar.”
Celia Martínez, obrera de Brukman, 2002
En nuestro sufrido continente latinoamericano, el aborto clandestino sigue siendo la primera causa de muerte materna; son 6.000 las mujeres que mueren anualmente por complicaciones relacionadas con abortos inseguros. Contrariamente a lo que se podría imaginar, a comienzos del siglo XXI vivimos una actitud cada vez más beligerante del fundamentalismo católico en alianza con los Estados y el poder político contra los derechos sexuales, reproductivos y el derecho al aborto, mientras salen a la luz cada vez más casos de abuso sexual contra niños, niñas y jóvenes perpetrados por los miembros de la Iglesia. América Latina y el Caribe, por otra parte, registran los índices más altos de violencia contra las mujeres: el homicidio representa la quinta causa de muerte, el 70% de las mujeres padece violencia doméstica y el 30% reportó que su primera relación sexual fue forzada. Se calcula que el 80% de las agresiones permanecen en el silencio ya que no son denunciadas por temor o por la certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta. Más de 300 mujeres fueron asesinadas durante los últimos años en Ciudad Juárez (México), constituyéndose esa ciudad fronteriza en un lamentable ejemplo de femicidio, impunidad, misoginia y barbarie. En el otro extremo del continente, en la provincia de Buenos Aires (Argentina), se calcula que en 120.000 hogares hay mujeres que sufren maltrato, y en el lapso de un año se cometen más de 50 homicidios de mujeres en manos de sus parejas. En nuestro país, se calcula que se producen entre 5.000 y 8.000 violaciones por año. Según las especialistas en violencia, en todo el mundo, uno de cada cinco días de ausencia femenina en el ámbito laboral es consecuencia de una violación o de la violencia doméstica. Las mujeres constituyen el 70% de los 1.500 millones de personas que viven en la pobreza absoluta en todo el mundo. Las campesinas son jefas de una quinta parte de los hogares rurales, y en algunas regiones hasta de más de un tercio de los mismos, pero sólo son propietarias de alrededor del 1% de las tierras, mientras el 80% de los alimentos básicos para consumo los producen las mujeres. En Latinoamérica, son 154 millones de mujeres las más pobres de entre los pobres. En el último año, 13 millones de niños murieron por hambre en el mundo: es un número seis veces mayor al total de víctimas que provocó la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918. La mayoría de esos niños, son niñas. Muchas y muchos son latinoamericanos. El valor y volumen del trabajo doméstico no remunerado equivale entre el 35 y 55% del producto bruto interno de los países. La producción doméstica representa hasta un 60% del consumo privado. Este trabajo no remunerado recae casi absolutamente en las mujeres y las niñas. Según un informe de la OIT, la tasa de desempleo urbano en el continente alcanzó hacia fines del 2002 a 17 millones de personas, afectando de manera especial a las mujeres. Por otra parte, las mujeres que trabajan lo hacen en situación cada vez más precarizada: no sólo cobran un salario entre 30 y 40% menor al de los varones por el mismo trabajo, sino que en su mayoría, no tienen obra social ni derechos jubilatorios. Si bien las feministas participaron y consiguieron introducir modificaciones en las legislaciones de nuestros países en relación con el divorcio, la patria potestad compartida, el cupo en los cargos públicos electivos, etc, la realidad indica que aún estamos muy por detrás de haber solucionado con las leyes las situaciones concretas que vivimos las mujeres del continente.
Pero así como las espeluznantes cifras del horror y los relatos de la barbarie que aún siguen sufriendo millones de mujeres latinoamericanas son siniestras realidades, no es menos cierto que las mujeres estamos de pie y seguimos siendo, en muchos casos, protagonistas indiscutibles de la resistencia y el enfrentamiento contra esta misma barbarie, como lo demostraron recientemente, las mujeres campesinas, las mujeres aymaras y las trabajadoras mineras de Bolivia. La eclosión de los modelos económicos “neoliberales”, a principios del siglo XXI, dieron lugar a un resurgimiento de la movilización en el mundo que fue acompañado por un intento de diálogo del feminismo con otros movimientos sociales. La participación de las feministas en las movilizaciones mundiales contra cada una de las cumbres de gobiernos imperialistas, organizaciones multilaterales y otras reuniones donde se definen, en gran medida, los destinos de la humanidad, son un hecho novedoso de los años recientes. Lo mismo pudimos apreciar en nuestro país, durante las jornadas de diciembre del 2001 –que fueron una de las expresiones más agudas de la lucha de clases del período-, donde las feministas volvieron a aparecer con sus banderas distintivas en medio de las movilizaciones populares. Por otra parte, la “conversión” y autocrítica de muchas feministas “institucionalizadas”, replanteándose los fundamentos de su práctica, fueron –más allá de la autenticidad o el oportunismo de sus nuevas posiciones- parte de las novedades del último período que no han pasado inadvertidas.
Si el feminismo latinoamericano no ambiciona transformar la realidad del continente, padecida por millones de mujeres que desconocen sus premisas pero enfrentan cotidianamente el hambre, la explotación, la violencia, el abuso y las humillaciones, entonces quedará reducido a las elaboraciones académicas, a los lobbys políticos y a proveer de “cuadros” a la tecnocracia de género que se ha incorporado a los estamentos gubernamentales y los organismos multilaterales. Emocionan las palabras de Silvia Rivera Cusicanqui sobre las mujeres que participaron en la insurrección contra el gobierno del “gringo Goni” Sánchez de Losada, recientemente, en Bolivia: “Al organizar minuciosamente la rabia cotidiana, al convertir en asunto público el tema privado del consumo, al hacer de sus artes chismográficas un juego de rumores ‘desestabilizadores’ de la estrategia represiva, al organizar circuitos de trueque y ollas populares para los marchistas, lograron derrotar moralmente al ejército, dando no sólo el sustento físico, sino el tejido ético y cultural que permitió a todos y todas mantenernos furibundamente activos, roto el muro doméstico y transformadas las calles en el espacio de la socialización colectiva. Y así se quebró de pronto el sentido común dominante, que opone lo privado a lo público, la emocionalidad al raciocinio, la ética a la política, pues aquí todas y todos hemos pensado con el corazón y amado y odiado –amado a esos 85 muertos, a esos 500 heridos, odiado a sus victimarios y al sistema que representan- con toda la fuerza de nuestra lucidez y de nuestro pensamiento.” Allí las “feministas, putas y lesbianas” del grupo Mujeres Creando tuvieron una participación codo a codo con el resto del pueblo en las movilizaciones.
Importantes sectores del feminismo hoy rechazan aquel camino de autoexclusión que ha dividido, en numerosas ocasiones, con fortalezas inexpugnables al movimiento feminista del movimiento de mujeres. ¿Podrá caminarse el camino de la unidad y la comprensión de que no habrá emancipación de las mujeres de esta barbarie en la que vivimos si no acabamos con este sistema que explota y oprime a millones, reproduciendo en su provecho al patriarcado? ¿Cuántas serán las feministas que, como señalaba Alda Facio en el documento del último Encuentro Feminista en el continente, piensen que “tenemos que montarnos en el tren del futuro socialista”? La respuesta está en las calles de un continente donde las mujeres sufren la opresión con números y marcas ineludibles. La respuesta está en las calles de un continente donde esas mismas mujeres de la clase obrera y el pueblo pobre cortan las rutas, toman las fábricas, llenan las plazas y gritan su rebeldía.
Bibliografía consultada
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Notas
1 La derrota de los EE.UU. en Vietnam, el Mayo Francés, la Primavera de Praga y el Otoño Caliente italiano son algunos de los acontecimientos fundamentales en los que se observa este primer levantamiento de las masas de Oriente y Occidente contra el orden impuesto por los acuerdos de Yalta y Potsdam entre el imperialismo y la burocracia stalinista, a la salida de la IIº Guerra Mundial. En este artículo hacemos referencia a los fenómenos de la lucha de clases que se dieron en nuestro continente en el marco de esa situación internacional. 2 Kissinger, Henry: La diplomacia, s/r 3 A fines del 2002 se realizó el 9º Encuentro en Costa Rica. 4 El documento “Del Amor a la Necesidad” fue elaborado colectivamente durante el taller sobre Política Feminista en América Latina Hoy, del IVº Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, Taxco, México, 21 de octubre de 1987. Participaron Haydée Birgin (Argentina), Celeste Cambría (Perú), Fresia Carrasco (Perú), Viviana Erazo (Chile), Marta Lamas (México), Margarita Pisano (Chile), Adriana Santa Cruz (Chile), Estela Suárez (México), Virginia Vargas (Perú) y Victoria Villanueva (Perú). Lo suscribieron: Elena Tapia (México), Virginia Haurie (Argentina), Verónica Matus (Chile), Ximena Bedregal (Bolivia), Cecilia Torres (Ecuador) y Dolores Padilla (Ecuador). 5 Cifras de 1992 6 ATEM, Asociación de Trabajo y Estudio de la Mujer
Este artículo fue publicado originalmente en: Panorama Internacional, www.ft.org.ar
MASTURBACIÓN FEMENINA Entre un 70 y un 82 por ciento de las mujeres se masturba hasta el orgasmo alguna vez en su vida. Muchas empiezan pasados los 20 años, o cuando ya han realizado el coito. Es posible que algunas mujeres no se masturben nunca. La frecuencia suele variar dependiendo de las circunstancias, pero la investigación demuestra que las mujeres que mantienen una relación sexual activa, se masturban tanto como las que no la mantienen. La masturbación es un excelente modo de descubrir tus respuestas sexuales, además de satisfacer tus deseos. La masturbación es una experiencia muy personal y privada. Muchas mujeres descubren masturbandose formas mejores de excitarse y de llegar al orgasmo durante el coito, incluso puede contribuir a que algunas experimenten orgasmos múltiples. Hay mujeres que se tumban quedandose quietas al masturbarse, usando las manos sólo con los genitales. Otras prefieren moverse vigorosamente y acariciarse los pechos con las manos, además de los genitales. También se puede recurrir al uso de lubricantes para ayudar a que los dedos se deslicen, intensificando el placer de la masturbación.
¿Cómo masturbar a una mujer? Las necesidades sexuales de cada mujer varían ampliamente, cada mujer tiene sus propias preferencias y deseos. Lo mejor es descubrir cuales son las necesidades de tu compañera, para ayudarte puedes pedirle que te guíe su mano y te enseñe lo que más le gusta. No es necesario que te concentres sólo en los genitales, recuerda también los senos y el ombligo. Acaricia el prepucio del clítoris de tu compañera, primero por un lado y después por otro, acordandote de variar el ritmo y la presión. Es fundamental que las presiones sobre el clítoris sean pequeñas para no reducir la estimulación. Los labios menores o internos son muy sensibles al tacto. Acaricia la vagina con toda la mano y si la lubricación es adecuada introduce tus dedos en el interior de la vaginas.
MASTURBACIÓN MUTUA La masturbación mutua es una buena manera de preparar el camino hacia el coito, o continuar cuando el camino hacia el coito completo resulta dificil, por enfermedad, por encontrarse en la última etapa del embarazo o bien por que a uno de los dos no le apetece sexo con penetración Gracias a las manos se pueden realizar movimientos de una gran precisión, que harán que los dos disfrutéis de las mejores sensaciones juntos. Mediante caricias descubrirás con todo detalle el cuerpo de tu pareja. Y mediante estos pequeños juegos podrás expresar de forma libre tus deseos y prefencias, haciendole saber a tu pareja lo que más te gusta.
Como se sabe a lo largo de la historia han existido mujeres que por su orientación sexual han permanecido en la invisibilidad, no han sido solo las mujeres en la totalidad de los casos uno de los sectores mas discriminados a lo largo de los siglos, las lesbianas como mujeres han sido doblemente discriminadas y castigadas; lo interesante de todo esto es que, no por esa especie de ostracismo anti humano, degradante de la condición del ser han logrado muchas de estas mujeres sobresalir por diversos medios en el mundo de las letras, la filosofía, las artes, como la pintura, la música, la fotografía, la medicina, la política e innumerables sectores de la vida. Estas mujeres han dejado un invaluable legado a nuestra cultura, y no solo a la misma, sino que han aportado con su sabiduría, conocimiento y talento a toda la humanidad. Esas mujeres marcaron un hito en la historia, por su talento y no necesariamente por ser lesbianas. La historia da cuenta de estas mujeres. En el mismo Código de Hammurabi aparece la caracterización de salzikrum, como una especie de mujer hombre, con diferentes derechos de herencia respecto a otras mujeres, eran mujeres que probablemente estaban destinadas a un rol de sacerdotisas, podían tener una o varias esposas, así como la posibilidad de adoptar hijos. El lesbianismo ha sufrido a lo largo de la historia tratos diferentes, respecto a las épocas, ha habido lugares donde era completamente admitido como ciertas regiones de Albania y la ahora ex Yugoslavia, en épocas pretéritas. En ciertas regiones de Italia, y particularmente en lugares muy apartados de la "civilización" las relaciones homosexuales eran consideradas moneda corriente, rescatadas estas historias, gracias a la transmisión oral, cuentos, proverbios, fábulas y canciones, son ejemplos también de la existencia de prácticas lésbicas en comunidades aisladas. La existencia de relaciones amorosas entre mujeres era práctica normal en regiones como Cabiria, zonas donde difícilmente accedía el imperio de la ley, y esta no era tenida demasiado en cuenta. En esas zonas montañosas y salvajes, habitaban las "sbraie", mujeres que no tenían ningún contacto con los hombres. También según analizan algunos historiadores aparecen dentro de la cultura china algunos elementos que denotan la existencia de relaciones lesbianas, Boswell rescata palabras de Ying Shao ( 140206 d.c.) "Cuando dos mujeres se relacionan entre sí como marido y mujer se denomina esa situación como dui shi'". Se registra fuera de los casos de la corte también casamientos grupales de lesbianas. Y "Asociaciones de la Orquídea dorada" que existían en el sur de China sobrevivieron hasta el siglo XX, las mismas incluían ceremonias de casamiento e intercambio de presentes entre "esposa" y "marido". Dichas mujeres podían incluso adoptar niñas, que a su vez podían heredar de sus adoptantes. Existe cierta unanimidad entre los historiadores sobre el hecho de que el primer texto poético en la historia pertenece a una mujer de nombre Enheduanna, una sacerdotisa sumeria que entonaba exaltados cantos a su diosa. Judy Grahn señala, o hace una lectura lesbiana de dichos himnos, cuya existencia se remonta al año 2300 AC. Dicha mujer era una sacerdotisa y en sus himnos honraba el poder de la diosa Inanna. La presunción discutible de Grahn surge de las descripciones que hacía sobre Inanna y su belleza física, junto a narraciones altamente sensuales, refiriéndose a sí misma además como la "esposa" de Inanna. Y la responsabilidad que le adjudicaba a Inanna como encargada de los rituales y ceremonias gays. Avanzando en el tiempo seguimos encontrando cada vez más evidencias de la existencia de relaciones eróticas entre mujeres; los rituales de iniciación lésbica en Grecia, las representaciones visuales de posiciones eróticas tántricas de lesbianas en India según Thadani, y relaciones lésbicas en los harenes orientales. Según documentan algunos historiadores, aunque tampoco abunda el material referencial hubo muchos ejemplos y casos registrados de homosexualidad en América Latina, si nos referimos a grupos aborígenes, en épocas pre coloniales ya existían este tipo de prácticas. Entre los pueblos ubicados en las zonas mas meridionales la práctica era considerada aceptable. Uno de los registros es del grupo Tupinamba, los hombres homosexuales eran llamados tibira y las mujeres lesbianas cacoaimbeguira. Un cronista de la época (año 1587) de nombre Gandavo, describe la conducta de esas mujeres-macho: "Hay algunas indígenas que no conocen hombre alguno...abandonan todos las tareas de las mujeres e imitan a los hombres, siguen sus oficios como si no fuesen mujeres. Llevan los cabellos cortados de la misma manera que los machos y van a la guerra con sus arcos y flechas y a la caza, preservando siempre la compañía de los hombres. Y cada una tiene mujer que la sirve, como quien dice es casada. Y así se comunican y conversan como marido y mujer." Por lo que se sabe desde la edad media, hasta los tiempos modernos han habido diferentes actitudes. En la Edad Media era bastante difícil aceptar que las mujeres podían sentirse atraídas hacia otras mujeres, en una sociedad esencialmente falocéntrica como lo era la del medioevo. Eran conocidos los casos de juicios y castigos con la hoguera de homosexuales masculinos, pero las lesbianas prácticamente no "existían", no para la ley, ni para la medicina, ni para la opinión publica. En España aparentemente solo se conocen cuatro casos, poco se sabe del resto de Europa, naciones como Italia, Francia, Suiza, Alemania o los Países Bajos.